Esperpento

Esperpento
(2000)


La potencia de las sociedades se mide por la capacidad
de sus ciudadanos de no ser simples marionetas,
la capacidad de pensar por sí mismos sobre la cosa común (1)

 

Los aspectos más complejos de la existencia y los entresijos del comportamiento humano frente a determinados acontecimientos tan sólo pueden expresarse a partir de metáforas que podemos descubrir en la ficción. De este modo, puede encontrarse en el mundo del circo, la feria o el teatro, el escenario idóneo y a los protagonistas que motivan la realización de estos cuadros.

Seres que se convierten en figurantes: payasos, marionetas, prestidigitadores, equilibristas, comediantes, muñecos, monstruos…, personajes disfrazados de personas y personas que parecen enmascarar otra identidad, son los sujetos de estas historias mínimas y reflejo crítico de quienes les contemplan. Los elementos del atrezzo construyen la escenografía de cada pequeño suceso de manera igualmente metafórica: cuerdas, cristales, cables, hilos, mangas, máscaras, alas sin plumas, bolsas de papel…  y su papel no es el adornar sino facilitar pistas, de alguna manera, para la comprensión de una realidad en apariencia indescifrable, por tanto inamovible.

Cada acontecimiento narrado manifiesta, en definitiva, la necesidad de un cambio de actitud frente al conformismo habitual. Ahora bien, no se trata simplemente de un cambio personal, frente a un traumatismo psicológico que afecta sólo a un individuo, la crisis rompe la historia individual y más allá, es extensión del hecho público, por tanto, cada fragmento en forma de cuadro representa la crisis común de la sociedad en la que vivimos.

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1 Thiebaut, Carlos: Invitación a la filosofía, Acento, Madrid, 2003, pág. 209