Ver o arder

Ver o arder
(2004 - 2006)


Esta exposición fue concebida después de concluir la tesis doctoral La vitrina de la memoria. Testimonio poético de la segunda mitad del siglo XX en la pintura de Gerhard Richter. Puede considerarse, por tanto, fruto pictórico de esta investigación o de la necesidad emocional de expresar, más allá de las palabras, las reflexiones suscitadas en torno a la figura del “testigo”, entendido como agente catalizador de conciencias, indispensable en un mundo abocado a la repetición de su historia reciente, del dolor, de sus causas y de sus consecuencias.

A partir de la disyuntiva que ofrece el título, Ver o arder, se articula una serie de cuadros que extiende las premisas del primer término, invitando a mirar más allá de lo que aparece a simple vista. El espectador, en este caso, se convierte en testigo voluntario, participante con sus propias experiencias y pensamientos en la parte tan sólo insinuada de la escena que contempla.  De este modo, dentro de las situaciones que los cuadros ofrecen hay mucho más: todo lo que la mirada de los otros pueda dar de sí. Así –otras imágenes leídas o contempladas–, va despertando en la pintora la intención de continuar mostrando a su modo y a partir de sus propias circunstancias, algunas de las contradicciones del mundo presente.

Los cuadros contienen pedazos de intimidad de seres anónimos cuyo interés radica, más que en el retrato de los protagonistas, en lo que hacen o en lo que les sucede (El desertor, Diario del escapista, Re-leyéndolo, Niebla o cenizas, Voluntad de recordar, etc…), en tanto algunos paisajes de gran formato, más que representar espacios reales, traducen cierto estado de ánimo o lugar del interior (Otro destino, Conciencia en llamas, Exilio interior, etc...). Los títulos ofrecen alguna pista sobre el pretexto que dio origen a cada escena, aunque quieren ser lo suficientemente ambiguos como para no coartar la interpretación de quien decide mirar con atención.  Quizá sea el cuadro titulado La cuarta pared el más explícito, pues en él se ofrece al público que entra a la sala los asientos vacíos, iluminados por el resplandor de un incendio: el espectador puede ocupar un lugar como testigo y protagonista del escenario, formando así parte de la exposición y dotando de sentido a su título.

El proyecto irá evolucionando en las siguientes muestras: Conspiraciones (2006) y Designios y Quiebras (2007). En esta última desaparece la figura humana y las señas críticas dan paso a elementos menos concretos que animan al espectador a inventar sus propios referentes y a vislumbrar nuevos espacios para la utopía.