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13 de abril de 2007
Levante E.M.V.

Mery Sales
Incertidumbre en el paisaje de lo cotidiano

Dentro del marco de la programación del Encuentro entre dos mares-Bienal de Sao Paulo-Valencia y después de aquella Ver o arder (en la misma galería en 2004) regresa Mery Sales (Valencia, 1970) con sus últimos cuadros reunidos en una hermosa exposición que, bajo el título de Designios y quiebras, continua la anterior y podría comentarse a partir de las respuestas que daba Walt Whitman en los poemas de sus Hojas de hierba: «Creo que una brizna de hierba no es menor que la senda que recorren los astros», escribía al principio de uno, mientras que en otro responde a la pregunta de un niño señalando que «Quizás sea la bandera de mi alma tejida con sustancia de verdes esperanzas», para luego interrogarse a su vez: «¿Es tal vez un jeroglífico uniforme cuyo significado es brotar por igual en tierras anchas y estrechas,/Crecer entre negros y blancos?» Abocados al paisaje de nuevo, tan cerca de la grama y sus espigas que crecen salvajes en cualquier paraje, los cuadros de Mery Sales recogen detalles de iluminaciones y pequeños incendios, llamas que van prendiendo con su resplandor de una brizna a otra, en una visión metafórica sobre la voluntad de los propósitos, sobre las aberturas, hendiduras, giros y pérdidas que sobre el terreno causan los elementos o la pérdida de algo.


En estas telas, la pintura suelta y evanescente de Mery Sales —recordando un poco las filamentos oníricos y acuáticos de William Baziotes, las vanitas de Gerard Richter— nos enseña la incertidumbre que prende en el paisaje de lo cotidiano al mirarlo de cerca: esas briznas de hierba de tan verdes, azuladas. Una incertidumbre, la nuestra, que va in crescendo a la luz de los títulos: Llama, Llamada, Llamarada, Constelaciones, señalando elementos que se convierten junto con las briznas de hierba y los retazos de paisaje en los personajes de sus cuadros, como ya ocurriera en la anterior exposición, desapareciendo la figura narrativa, su cuerpo, para dejar un rastro entre las sábanas, sobre la almohada, en la llama que prendió las velas o provocó la chispa adecuada.


Destacan las obras que por formato resultan centrales: Vislumbre y Llamada, y el díptico que conforma Constelaciones, donde sobre un fondo verde se unen lo orgánico y laberíntico de las ramas peladas de un árbol muerto con las iluminaciones y destellos de luz que van pautando como estrellas los ritmos naturales. Llaman también la atención el pequeño Nieve-lumbre, con sus tonos en blanco y grises matizados por unas hojas incendiadas de rojo, y los rojos cálidos del titulado Canto a Lara, una celebración del nacimiento. Como novedad en el trabajo de Mery Sales, el conjunto de doce cuadros redondos que, compuestos en la forma circular del reloj sobre fondo gris y bajo el titulo de Latencia, resultan los más abstractos jugando a representar el resplandor de las llamas, de los incendios, de las explosiones, reinterpretando con luz y color multitud de imágenes extraídas de la prensa.


El contrapunto, recordando incluso trabajos anteriores, lo marcan tres obras de planteamiento diferenciado que resumen y organizan el sentido del conjunto: El lado frío de la almohada, un fantástico díptico sobre la posibilidad de la calma en referencia a una novela de Belén Gopegui; otro díptico titulado Drama/Trama,, con dos instantes en el juego de las llamas de cinco velas y el ligero movimiento de luz que algo originó en ellas, una brisa, una caricia; o el táctil Duermevela, donde la superficie pictórica se enreda con la sensualidad de unas sábanas sedosas y mullidas que bien podrían sugerir la imagen de cuerpos y pieles sonrosadas confundidos.

Compacta, la exposición cuenta el drama del designio de ver, la trama de la quiebra del arder, todo ello vislumbrado a través del resplandor de la llama que nos atrapa, su luz en el aire, una tarde hace tiempo sobre el jeroglífico de unas hojas de hierba.

Ricardo Forriols


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