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27 de febrero de 2010
Abc

Siempre la claridad

Acostumbrados como estamos a mirar las cosas a través de su nombre, a través del concepto que como cárcel encierra cada imagen en su jaula, en la prisión de su significado, pocas veces advertimos la belleza fugaz e inexplicable del mundo sin contornos lingüísticos. Quitarle el collar al perro de la mirada y dejarlo husmear entre las cosas, sin ninguna cadena que permita establecer conexiones entre cosas e ideas, es algo que sólo muy de vez en cuando nos es dado. La primera mirada del día, por ejemplo, la que aún no distingue la vigilia del sueño, la que errante se embosca en reflejos y motas y miríadas como si aún estuviese sumida en sus oníricas andanzas. La mirada vacía de conciencia, el mirar que no mira, la mirada descalza, azul y vertical previa a la siesta, la acuática del ojo entre las lágrimas, la velada por el halo de la niebla. Todas ellas confluyen de algún modo, desde sus múltiples perspectivas, desde sus variadas manifestaciones, en la última exposición de Mery Sales, en la Galería i Leonarte hasta el 4 de marzo.

Sus paisajes, los formatos más grandes, transcurren en ese linde, en ese breve intervalo en que la vista se nos marcha muy lejos de la conciencia y un mirar renovado se cierne sobre el mundo y sus sucesos. Borrosas se construyen las siluetas, veladas por las triple transparencia: el aire que las mece, la luz que las disuelve y el súbito vacío que dejan las palabras al marcharse.

Las obras que conforman esta muestra, aunadas bajo el título Cierta claridad, aunque algunas procedan de anteriores trabajos como Designios y quiebras, conforman, como ha dicho la propia artista, una pequeña constelación, un haz de nebulosas distintas pero cercanas. Un hilo de aire lo hilvana todo. Hay papeles al viento. Bajando por la escalera. Quizás subiendo. Moviéndose sin palabras, igual que nuestros ojos, atravesando espacios vacíos, volando/ con vuelo bajo a veces, otras con aleteo/ sagaz, a media ala, como escribió el poeta Claudio Rodríguez, autor a la vez de unos versos –Siempre la claridad viene del cielo– que enlazan mágicamente con algunos de sus lienzos. También hay velas al viento, rozando a penas sus llamas para hacerse, juntas, más fuertes: Y hojas, y hierba, y ramas. Distintas son dos de las series nuevas: Eclipse, un conjunto de elipses donde unas personas sin rostro enseñan papeles negros. Y Piedra papel o tijera, un conjunto de nueve pares de manos que muestran todas las posibilidades de triunfo y pérdida en dicho juego.

La pintura de Mery sales juega y gana, porque como la buena poesía, es música que trasciende el sentido y lo desborda: aun sin entenderse se entiende, nos conmueve.

Lola Mascarell


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