Volver

5 de noviembre de 2004
Levante E.M.V.

Mery Sales
La pintura fuera de campo

La elipsis, o supresión de algún elemento en la construcción de un discurso formal, no afecta a la claridad del sentido del mismo, sino que puede enriquecerlo activando impulsos del inconsciente. Mery Sales (Valencia, 1970) establece la trama elíptica de la pintura en la serie de óleos que ha dispuesto -perfecta y justamente ordenados- en la Galería I Leonarte. A partir de la expresa disyuntiva del título de la muestra, Ver o arder, la artista construye un territorio plausible que extiende las premisas del primer término, invitando así a la más ardua y personal visión de lo imposible. Este procedimiento de dirigir la mirada hacia lo ausente, un modo bastante común en el cinema clásico, impulsa en el espectador la voluntad de reconstruir la parte omitida de su pintura y, porlo tanto, el deseo de recordarlas particulares presencias imaginarias.


La delicadeza narrativa de Mery Sales argumenta, por medio de una excelente técnica pictórica, un encadenamiento de hechos reales que encubren el auténtico sentido de aquello que no puede ser explicado a través de las palabras. Por consiguiente, esa sutil sensibilidad de la artista se vuelve -al mismo tiempo- fijación de la propia individualidad y ejercitación del concepto de alteridad. A la manera de un diario pintado los cuadros separan a los individuos, o los fragmentos que los identifican como tales, del fondo que los acoge o en el cual se desenvuelven. Manos, extremidades, cabezas o incluso cabelleras son retratadas desde el punto visual de una cámara escondida, que puede estar situada en cualquiera de los puntos cardinales que los rodean. Así pues, los ritmos de las relaciones personales quedan puestos en escena a partir de los condicionantes de la privacy.


La visión de fracciones de protagonistas del anonimato metropolitano, encerrados en auténticos planos cercanos al primer plano cinematográfico, se definen a partir de sucesivos juegos de veladuras y empastaciones, entrando en relación tanto con el espacio no visible que los rodea como con otras de las pinturas de la exposición. Es el caso de los lienzos titulados Homenaje al ser fecundo, Otro destino, Diario de un escapista o la serie titulada Signos de exclamación. En cambio, los fondos de esos cuadros, y sobre todo aquellos vacíos de seres humanos, presentan una buscada indefinición que los acerca a los contenidos de la pintura onírica. La inquietante averiguación de lo real y lo irreal, la indagación de la identidad de las personas y las cosas y la seducción de lo misterioso se declinan y funden, en la obra de Mery Sales, a través de un léxico pictórico de gran calidad en el cual el color adquiere una inusual modestia protagonista.

Armando Pilato

Volver